Grandes investigaciones periodisticas: Caso IBM Banco Nación (20/06/2008)

Un seguimiento del caso de corrupción mas importante de la década del 90, con una entrevista a Santiago Pinetta, el periodista que radicó la denuncia de coimas en la firma del contrato del Plan Centenario entre el Banco Nación y la multinancional IBM.

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Un periodista olvidado. Por Leandro Lew.

31 de julo de 1996. Esa madrugada, Santiago Pinetta caminaba sólo por Corrientes a la altura del ex Mercado del Abasto, volvía de una reunión familiar en la casa de uno de sus hijos y se dirigía a su domicilio. Estaba llegando a la calle Agüero cuando de la fría oscuridad aparecieron dos hombres y dos mujeres.  Lo encararon, y sin decirle nada, comenzaron a golpearlo en el rostro y en la cabeza. Intentó defenderse con su bastón pero fue en vano, le sacaran el sobretodo, el chaleco y la camisa, finalmente cayó desvanecido.

Horas después despertó en el Sanatorio Ramos Mejía, estaba fuera de peligro. Le habían fracturado el tabique nasal y tenía alrededor de 25 heridas cortantes en el tórax y el abdomen. Con una navaja le habían escrito en el pecho las siglas IBM.

Nació hace tres cuartos de siglo en el porteño barrio de Monserrat. Vivió un tiempo en distintas localidades del Gran Buenos Aires y un par de años en Catamarca. Gracias a sus padres su infancia transcurrió entre los grandes poemas. A pesar de asma que padecía su mamá, la niñez junto a su hermano mayor fueron los mejores años de su vida.

Santiago Pinetta sobrevive bien vestido, traje color beige, camisa blanca y un pañuelo en el cuello. Es alto, tal vez de joven haya medido una metro ochenta, mantiene la misma forma que en sus años mozos. Tiene barba blanca y el cabello canoso, más bien largo, que deja rastros de caspa en su saco. Usa lentes que habitualmente acomoda y desacomoda con su mano mientras conversa. De hablar pausado, medita cada respuesta,  no tutea pero con frecuencia putea.

De la paliza recordaba una frase: “Dejate de joder con el Banco Nación y con Dadone porque si no te hacemos mierda a vos y a toda tu familia”. Era la cuarta advertencia que recibía desde la publicación de La Nación Robada, en febrero de 1994.

En 1992 empezó a investigar la licitación del Banco Nación para las informatización de las 525 sucursales. El acuerdo, denominado Plan Centenario, finalmente se firmó con IBM en marzo de 1994.  El contrato establecía que la multinacional recibiría 250 millones de dólares para llevar a cabo el proyecto.  Luego se comprobó que el contrato fue adjudicado a la compañía tras el pago de 37 millones en coimas, de los cuales IBM pagó 21 a funcionarios nacionales a través de dos empresas. Pinetta afirma que en realidad fueron más de 50 millones de dólares.

Finalizando 1991, un periodista le presentó sindicalistas del Banco Nación que a su vez lo contactaron con directivos de carrera del banco. Casi dos años y medio después, tras el rechazo de varias editoriales, pudo imprimirlo en la imprenta de Don Bosco. El libro que denunciaba el hecho de corrupción, también incluía “el robo del espíritu de las leyes” durante el menemismo y una acuerdo entre Alfonsín y Menem para que el riojano asumiera en 1989 y para posibilitarle la reelección.

Se vendió en librerías y quioscos, ningún medio  comentó el libro. Un mes después de la publicación, sin duda por las gratificaciones, las negociaciones llegaron a buen término y se firmó el contrato para la informatización del banco más grande de la Argentina.

Regaló varios ejemplares a jueces federales pero ningún inició una investigación judicial. Entonces redactó una denuncia y se la entregó a un fiscal de Cámara, que le dijo: “Retirala, esto te va a llevar a la Chacarita”. La causa caratulada en un principio como “Santiago Pinetta s/denuncia” recayó en el entonces juez Adolfo Bagnasco, quien inició una investigación que posibilitó rastrear en el exterior el dinero de las coimas. Se repatriaron cerca de siete millones de dólares.

Su destino no fue el cementerio pero estuvo cerca, en mayo de 1994, empezó a cambiar su vida, lo golpearon en Loria y Rivadavia. El 16 de septiembre de 1995, el mismo día que agentes del FBI desembarcaron en el país y allanaron las oficinas de IBM, lo atropelló un taxi, según pudo comprobar de la SIDE, en Callao entre Rivadavia y Mitre. Terminó en la Clínica Colegiales con 14 fracturas, estuvo internado más de siete meses.

Durante su recuperación su sobrina Amalia Pinetta fue a visitarlo. Ella había conocido a Carlos Menem Jr. en la Expo La Rioja de 1987, la entonces promotora de 19 años tuvo un fugaz romance con el fallecido hijo del ex presidente y fruto de esa relación nació Antonella a mediados de 1988. En 2004, tras varios análisis de ADN, la Justicia declaró formalmente que es hija de Junior. En 2008 a sus 20 años la joven dio a luz un niño que se convirtió en el primer bisnieto del dos veces presidente de la Nación. Resulta paradójico a veces el destino.

El cuarto y último atentado lo sufrió el 31 de julio de 1996, lo llamaron para hacerle una entrevista en su casa. Cuando los recibió el reportaje se transformó en una brutal golpiza, le pegaron con una un puño de acero y lo dejaron con varios dientes menos.

Pasaron 14 años, la causa estuvo a punto de prescribir, el juicio oral se iba a realizar en mayo de este año en el Tribunal Federal Oral número tres pero se postergó “sin nueva fecha a la vista”. Hay 17 procesados entre ex directivos de IBM y funcionarios del Nación a los que se les imputa el delito de cohecho, los fiscales no pidieron asociación ilícita.

Fue la investigación periodística más importante que hizo a lo largo de su carrera. Y significó un punto de inflexión en su vida profesional y personal. En ese entonces era periodista independiente, pero nunca más volvió a ejercer en una redacción, tampoco consiguió un trabajo estable. Está convencido que la persecución de IBM, “uno de los mayores anunciantes del país”, rompió los contactos que tenia en negro con algunas medios de comunicación.

A sus casi 75 años, sin jubilación, dedica buena parte del día a conseguir medicamentos que necesita para seguir viviendo debido a los cuatro by pass que le realizaron. Aunque hace algunas colaboraciones con relativa frecuencia, sus ingresos representan monedas frente al combo de necesidades que tiene. Vive en un humilde hotel ubicado en Palermo, es su habitación pasa las horas escribiendo poemas.

Considera que el periodismo es una profesión y a la vez un oficio que se aprende ejerciéndolo. Todo lo que sabe lo adquirió estando en el lugar de los hechos y en las redacciones. Desde 1945 trabajó en medios como Clarín, La Razón, Crítica, El Mundo, la revista Primera Plana, también hizo radio y televisión.

El principal educador que tuvo fue su padre, escritor y editorialista de El Mundo. De la educación rigurosa que le brindó obtuvo las herramientas para ejercer el periodismo. Su primer trabajo, cuando promediaba la década del ’40, fue en un diario bilingüe italiano bastante popular en aquella época.

-“Con todas las cosas que pasaron en mi vida, felizmente las balas me respetaron. Tuve suerte. Le tengo temor a la muerte, el hombre que no tiene miedo de morir  es un imbécil”.

Aprendió a convivir con este miedo y pese a lo que cualquiera podría pensar nunca se aferró a la religión. Para él, la vida es un misterio mucho más simple de lo que se cree. Juzga como ridícula la idea de un Dios antropomorfo. Simplemente se trata de fuerzas del mal y del bien, que impulsan la muerte y la vida.
El 16 de junio de 1955, 34 aviones de la Marina de Guerra, muchos con la insignia Cristo vence, bombardearon y ametrallaron la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el fin de derrocar al presidente Juan D. Perón. En ese entonces, Pinetta trabajaba para el diario Clarín y le tocó cubrir el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina, que dejó como saldo 364 muertos y fue el preludio de la Revolución Libertadora, tres meses más tarde.

Con el golpe de Estado de marzo 1976, la dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, inició un régimen de violencia indiscriminada, persecuciones, represión ilegal, tortura sistematizada, desaparición forzada de personas, manipulación de la información y terrorismo de Estado.
En esa época, trabajaba para agencias de noticias extranjeras y medios periodísticos del exterior. En noviembre del `76, un grupo de tareas lo secuestró porque su nombre figuraba en alguna agenda. Con cierta cotidianeidad entrevistaba líderes políticos y de organizaciones guerrilleras. Lo mantuvieron en cautiverio en Campo de Mayo hasta febrero de 1977, estuvo detenido alrededor de 100 días.

“Recibía torturas como todo hijo de vecino”, reconoce el periodista. La mayor parte del tiempo estuvo encerrado desnudo en una pequeña celda. Tres veces sufrió descargas de corriente de una picana eléctrica.  Finalmente, la perinola le dio a favor,  en unos meses los militares comprobaron que no tenía vínculos con grupos subversivos y lo liberaron en la autopista Richieri.

No le gusta hablar sobre las mujeres que lo acompañaron a través de los años. Por la cantidad de hijos que engendró, se puede deducir poco apego a los métodos anticonceptivos y que intimó con varias señoritas. En total tuvo 11 hijos, dos ya fallecieron.

En los últimos años llegó a vivir en situación de indigencia, inmerso en una miseria tal que jamás hubiese imaginado. Nunca durmió en la calle porque siempre conseguía un modesto hotel. Durante un tiempo largo mendigó en la línea C de subte y vivía de limosnas. “No hay que pedirles nada a los hijos, encima que los traes al mundo”, aclara, así que le dieron un apoyo relativo.

Su situación económica fue noticia, la agencia DyN publicó en junio de 2005 un cable titulado: “IBM-Banco Nación: el periodista que denunció el caso terminó pidiendo limosnas en estaciones de subte”. Por la formación que tuvo de nunca cayó en la depresión final, sí en la melancolía porque sus recuerdos lo trasladan a la belleza que absorbió durante su niñez.

No es un prócer del periodismo pero ejerció con pasión y honestidad esta profesión. Son de esas historias que no merecen caer en el ingrato olvido. La vida de Santiago Pinetta  demuestra que ser periodista en la Argentina no es una tarea fácil, salvo para los mercenarios de la información que tanto abundan en la actualidad.

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