Periodismo de película – El oficio en el séptimo arte: Shattered Glass (06/06/2008)

Cómo el cine retrata el oficio del periodista. Análisis de películas que reflejan la profesión. Por Dina Rezinovsky.

Hoy hablaremos acerca de una película titulada “Shattered Glass”, aunque en español tiene dos títulos distintos: “El precio de la verdad” y “El Fabulador”. La dirección y guión son de Billy Ray y la Producción Ejecutiva de Tom Cruise.

En la película, estrenada en el año 2003, Hayden Christensen encarna a Stephen Glass, un redactor joven de la revista “The New Republic” de los Estados Unidos.

Este periodista había llegado a ser uno de los redactores estrellas por el toque de originalidad, agudeza e ingenio que le daba a sus artículos. Muchas de sus notas tenían un marco demasiado llamativo, lo que llevó a dos políticos a mandar cartas quejándose por un artículo donde Glass había expuesto una situación de borracheras e inmoralidades durante la Conferencia de Acción Política Conservadora de 1997. Ese fue el primer llamado de atención al periodista.

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Como estas, varias cartas más llegaron a la redacción de la revista acusando de tergiversaciones, manipulaciones y plagio de Glass en diversas notas.

En mayo del año 1998, descubrieron el engaño de Glass cuando él se encontraba en medio de una investigación acerca de un joven hacker de 15 años que había sido presuntamente contratado por una gran compañía para trabajar como consultor de seguridad luego de haber violado su sistema informático y expuesto sus debilidades. Este artículo estaba narrado en primera persona, lo que implicaba que Glass había participado en toda la trama.

Ante la publicación del artículo, el 18 de mayo de 1998, Adam Penenberg, reportero de Forbes.com comenzó a investigar sobre el tema, descubriendo que la “gran compañía” a la que se refería Glass no existía ni tampoco las personas que él nombraba en el artículo, dejando al descubierto el engaño.

El reportero junto a Forbes presentaron este caso a la revista y Glass dijo que había sido engañado. El editor Charles Lane pidió a Glass que le llevara al lugar en donde había entrevistado al hacker, en donde descubrió que la sala de Conferencias, donde supuestamente había conocido a aquel joven, estaba cerrada el día que Glass aseguraba que se habían encontrado. Luego se revelaría que, para respaldar su historia, el periodista había creado un sitio de Internet, correo electrónico, notas tomadas y tarjetas de visitas falsas.

Luego de toda esta investigación, se descubrió que 27 de 41 artículos que la revista había publicado bajo la autoría de Stephen Glass tenían material infundado. Hubo el caso de notas como “Hack Heaven” que fueron totalmente inventadas.

En estas circunstancias fue que Stephen Glass fue despedido de The New Republic, como así también de otros medios en donde colaboraba como George, Harper´s y Rolling Stone.

Stephen Glass escribió, en 2003, paralelamente al estreno del film, su autobiografía titulada “El Fabulador” en donde comienza su relato diciendo: “En 1998 perdí mi puesto de redactor en The New Republic y mis colaboraciones con otros medios como periodista independiente por haberme inventado docenas de artículos. Lamento profundamente mi comportamiento de entonces y todo el dolor que ha causado”. Se licenció en derecho en la Georgetown University trabajando como asistente legal. Tuvo un regreso fugaz por el periodismo en 2003 cuando firmó un artículo sobre las leyes sobre el consumo de marihuana en Canadá para la revista Rolling Stone.

La película tiene momentos fuertes, en donde muestran a Glass desesperado por que no lo descubran; partes en donde hasta el mismo personaje se cree las historias que inventa y quiere demostrárselo a los demás. Pero hay algo que es recurrente… Se muestran las reuniones de producción… y se ve como sus historias eran el centro de las charlas. Todos querían saber que nueva historia traería, Glass tenía una personalidad arrolladora.

Muestra además el clima que se vivía a finales de los 90 en la redacción de la revista, como después de que Glass saltará al estrellato, sus compañeros sintieron envidia y algunos comenzaron a imitarlo.

En el proceso de producción de la película brindaron ayuda gran parte de los involucrados, como el caso del que fue editor de Glass y varios compañeros de redacción. El único que no quiso colaborar, obviamente, fue el mismísimo Stephen Glass.

La temática, clara, es la veracidad de las fuentes de información y como, muchas veces, el mantener el anonimato con la persona que nos brinda información puede generar incredulidad o puede permitir que periodistas como Glass puedan fantasear, creando historias que bien podrían ser guión de una película de Hollywood.

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